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jueves, 15 de marzo de 2012

Historia de Columbia Sportswear

Fundada en 1938 como una distribuidora de sombreros de origen familiar y tamaño pequeño, Columbia Sportswear Company se ha transformado en una de las más grandes marcas de indumentaria outdoor y el líder en ventas de ropa de ski en los Estados Unidos. En 2007, reportó ventas netas por u$s 1036 millones. La extensa línea de productos incluye una enorme variedad de líneas para outdoor, deportiva, calzado, y accesorios. Columbia es reconocida por desarrollar productos innovadores destacados por su comodidad, funcionalidad, protección, estilo, y gran valor.

A la cabeza de la compañía se encuentra Gert Boyle, Directora, y su hijo Tim Boyle, Presidente y CEO. La historia de Columbia comienza en 1930, cuando los padres de Gert llegan a Portland, provenientes desde Alemania. Compraron una pequeña distribuidora de sombreros y la nombraron Columbia Hat Company, en alusión al río homónimo que bordeaba la ciudad. Frustrados por la mala performance de sus proveedores, la familia empezó a producir de manera directa sus artículos, expandiendo su línea a camperas, chalecos de pesca, y camisas.

Tim Boyle y su madre Gert llevan 35 años peleando sobre cómo dirigir Columbia Sportswear Inc. Su irritación mutua es tan grande que decidieron tener sus oficinas en lados opuestos de la casa matriz del fabricante de indumentaria deportiva y para actividades al aire libre. La idea es que su contacto diario en el trabajo sea mínimo.

Sin embargo, los Boyle han creado una rareza en el mundo de los negocios: una empresa familiar que tiene éxito pese a las constantes riñas. Las ventas anuales de chaquetas de esquí, botas de excursión y otros artículos para los amantes de la naturaleza alcanzan los 1.000 millones de dólares. Cuando madre e hijo tomaron las riendas del negocio, en 1970, Columbia vendía 800.000 dólares al año. Hoy los Boyle se han convertido en una de las familias más ricas de Estados Unidos, al poseer un 62% de la empresa, una participación que está avaluada en 1.007 millones de Dólares.

Las dinastías familiares a menudo parecen serenas durante años, sólo para colapsar cuando explotan tensiones ocultadas por años. News Corp. se estremeció en julio cuando el supuesto heredero del imperio de medios, Lachlan Murdoch, decidió que no podía continuar trabajando para su padre y presidente de la compañía, Rupert Murdoch.

Los Boyle, en cambio, no ocultan sus discusiones, pero han aprendido a pelear limpio. Para empezar, designaron a consejeros de confianza para ayudarles a mediar sus disputas. Después crearon ámbitos independientes de autoridad para reducir sus conflictos. Y cuando la compañía se preparaba para salir a bolsa en 1998, realinearon la propiedad de manera que el control pasara de madre a hijo. “Tim y Gert se parecen mucho a los personajes de Jack Lemmon y Walter Matthau en la película Una extraña pareja”, dice Edward George, un director de Columbia que conoce a Los Boyle desde los años 60. “Se quejan todo el tiempo, pero se quieren mucho”

Tim Boyle, de 56 años, es el presidente ejecutivo de Columbia. Un hombre taciturno y con una voluntad de hierro, ha contribuido al avance de la compañía con grandes apuestas estratégicas. Su madre, de 81 años, es la conversadora y obstinada presidenta de la junta directiva, encariñada desde siempre con la empresa. Hasta 1970, la empresa estaba a cargo del padre de Tim y esposo de Gert, Neal Boyle. Cuando murió de un ataque al corazón a los 47 años, su viuda e hijo se dedicaron a rescatar a una pequeña compañía que para ellos era, en gran parte, un misterio.

En el primer año con madre e hijo al mando, las ventas bajaron 25% a 600.000 dólares. Muchos empleados clave renunciaron y se las pérdidas se acumularon. No estaban seguros de qué hacer y temían arruinar la compañía. Su reacción fue trabajar sin cesar. Ambos dicen que cometieron muchos errores.

Cuando algunos banqueros le pidieron a los Boyle que vendieran, hizo su aparición la tenacidad familiar. Gert Boyle rompió las negociaciones con un licitante que ofreció tan sólo 1.400 dólares por la compañía. Jurando arreglar su negocio, ella y Tim redujeron a la mitad sus salarios de 1.200 dólares al mes.

A mediados de los 70 la situación mejoró. La tela Gore-Tex llegó al mercado y Tim incorporó antes que sus rivales este revestimiento impermeable a los productos de Columbia. A los clientes les gustó, al igual que también les encantaron las chaquetas de esquí de varias capas que lanzó Columbia.

A medida que la empresa crecía, así lo hacían las tensiones entre madre e hijo. Tim impulsó la expansión más allá de sus orígenes como fabricante especializado para amantes de la naturaleza.

Introdujo productos Columbia a canales de ventas masivas, como JCPenney Co., algo que no agradó a su madre. Cuando era una joven, Gert había cosido a mano algunos de los primeros chalecos de pesca de Columbia y temía que las grandes minoristas llevaran a la empresa por otros derroteros.

En los 80, Tim propuso trasladar la fabricación al exterior para reducir costos. Su madre se opuso. Ella conocía a docenas de costureras de la compañía y no quería eliminar sus trabajos en Portland. Pero Tim se mantuvo firme.

Para entonces, los Boyle habían transformado sus choques personales en una estrategia de marketing. En 1984 contrataron a la agencia de publicidad Borders Perrin Norrander Inc. “Pensamos en presentar a la señora Boyle como una madre dura, sobreprotectora, pero que se asegura de que las prendas protegerán a su hijo”, dice Terry Schneider, director de arte de la agencia. Hoy, Tim dirige la estrategia de Columbia, mientras que Gert se ha convertido en la embajadora de la compañía ante el mundo, haciendo las veces de anfitriona para grupos turísticos y respondiendo a solicitudes para participar en conferencias.

Fuente: http://www.nevasport.com

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